—A la clase le gusta conocer gente nueva, ¿verdad? —dijo.
—¿Y a tus papás les gusta el arte? —preguntó Ana.
Todos asintieron. Un chico llamado Carlos levantó la mano.
Laura le enseñó sus dibujos. A Ana le fascinaron los colores y las líneas.
—¡Claro que sí! A mí también me gustaría mucho —dijo Ana.