Obb Balas Magicas - Holograma -
El profesor Holograma se encogió de hombros.
—Ese es el que la llevó —dijo Obb, escupiendo las palabras.
—Obb —dijo ella, y su voz sonaba a estática—. ¿Por qué me trajiste de vuelta? Yo ya no era yo.
Obb la miró sin entender.
Obb sintió que se ahogaba. Había cambiado el recuerdo. No para borrarlo, sino para ver lo que estaba oculto. Sabía lo que venía. La tercera bala.
El profesor Holograma se lo había advertido. "Las balas mágicas no son para juegos, Obb. Cada una contiene una memoria encapsulada. Disparas una, revives un instante. Disparas dos, lo cambias. Disparas tres... bueno, nadie ha disparado tres."
Obb giró sobre sus talones. El profesor estaba de pie en la escalera del sótano, con una flor negra en la mano. Obb Balas Magicas - Holograma
Pero esta vez, Obb no oyó silencio. Oyó el ruido de la flor negra cayendo al suelo. El profesor Holograma ya no estaba.
La caja contenía solo tres. La tercera era transparente, como un diamante vacío. El profesor Holograma le había dicho: "Esa no es para recordar ni para cambiar. Es para des-hacer. Pero lo que des-haces, no vuelve a hacerse igual."
Lina negó con la cabeza. Su forma se desdibujaba cada vez más. El profesor Holograma se encogió de hombros
Cargó la segunda bala.
El holograma estalló como una flor de luz morada. La imagen de Lina apareció frente a él, más joven, con su vestido verde de los domingos. Corría por el pasillo de la vieja casa, persiguiendo una mariposa de papel. Obb alcanzó a ver la fecha en el aire: tres años y un día antes de su desaparición.