Escupire.sobre.sus.tumbas.capitulo.28 -
La puerta del motel se abrió sin que llamaran.
Hasta ahora.
La noche anterior había enterrado a Joe. No con tierra, sino con un hierro. Lo recordaba con una claridad enfermiza: el sonido húmedo del golpe, el crujido de las costillas cediendo como ramas secas. Joe había sido el último eslabón de una cadena que se remontaba hasta el verano del odio. El verano en que Mary, su hermana pequeña, había aparecido flotando en el río con los ojos abiertos mirando un cielo que ya no existía. Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28
Detrás de ellos, la página quemada de la libreta seguía ardiendo en el cenicero. Las cenizas volaron por la habitación como una pequeña profecía.
Fin del Capítulo 28.
La ciudad dormía. Pero los perros ya olían la sangre.
Salieron al frío como dos sombras que hubieran olvidado sus cuerpos. El coche los esperaba, negro como un ataúd con ruedas. Anderson encendió el motor y el rugido fue un juramento. La puerta del motel se abrió sin que llamaran
Capítulo 28 El precio de la carne y la sed de justicia
Anderson se levantó despacio. Sus músculos dolían, pero era un dolor bueno, el dolor de quien ha dejado de ser presa para convertirse en cazador. Miró por la ventana empañada. Más allá del aparcamiento vacío, las luces de la ciudad parpadeaban como ojos hipócritas. No con tierra, sino con un hierro
—Están moviendo ficha —dijo ella, cerrando la puerta con un golpe seco—. El sheriff ha llamado a la capital. Han identificado los cuerpos de los hermanos Croft.